El Mercado
tiene vida propia. Los productos frescos, efímeros,
esperando ser centro de platos suculentos que congregarán
a su alrededor la atención de comerciantes y
compradores o simples paseantes y curiosos. El Mercado
de Santiago es un lugar mágico e intemporal.
Vaquero Palacios lo sabía al construirlo: “Todo
es un poco románico en Galicia, hasta los grelos”.
El magnífico trabajo de la piedra y la bóveda
de hormigón armado, aportación propia
de su tiempo, son los ingredientes básicos.
Queremos rendir tributo al Mercado y al trabajo
del maestro con una intervención sencilla
y rigurosa, a la altura del lugar, aunque sin miedo
a eliminar aquello que sea ajeno para manifestar
lo que es propio.
Para ello hemos liberado la mayor cantidad de superficie
alrededor del mercado y ampliado el espacio para
el paseo y los puestos ambulantes. Sobre la calle
Virxen das Cercas construimos un pórtico abovedado
con una fina lámina de hormigón armado
que protegerá de las inclemencias del tiempo.
El resto del proyecto se sitúa bajo rasante,
liberando el trasdós de la muralla hasta las
paredes del mercado y asomándose a la calle
para permitir una nueva entrada desde abajo.
En el interior del mercado unas puertas automáticas
permiten mejorar la calidad interior y evitar corrientes
incómodas. Los puestos se ordenan en una estructura
común pero con un sistema que atiende a las
particularidades de cada comerciante. Se consigue
una circulación transversal eliminando un
puesto en cada lado de cada nave.
Se completa la actuación con el trabajo sobre
la calle Altamira, sustituyendo los puestos existentes
por otros articulados que se pliegan en si mismos
lo que permitirá incrementar el ancho de la
calle cuando el mercado esté cerrado y ocuparla
completamente cuando esté abierto.